El mito griego de la creación es uno de los relatos más antiguos y simbólicos de la mitología helénica. Transmitido principalmente por Hesíodo en la Teogonía y recopilado más tarde por Apolodoro en su Biblioteca mitológica, este mito narra el nacimiento del universo, de los dioses primordiales y de las primeras criaturas que habitaron el cosmos antes del dominio olímpico.
El nacimiento del cosmos y de Gea
En el comienzo de todos los tiempos, cuando el universo se hallaba sumido en el silencio y la oscuridad, existía únicamente el Caos, una entidad primordial sin forma ni orden. De este vacío surgió Gea, la Madre Tierra, fundamento de toda vida y sostén del mundo.
Sola en su vastedad, Gea dio a luz a Urano, el cielo estrellado, quien se extendió sobre ella como un manto infinito. Urano la cubrió y, desde lo alto, la fecundó con su lluvia, haciendo brotar de la tierra los primeros elementos del mundo: montañas, valles, ríos, mares, plantas y animales. Sin embargo, aún no caminaban criaturas conscientes sobre la faz de la tierra.
Las primeras criaturas: Hecatónquiros y Cíclopes
Con el paso del tiempo, desde las entrañas de Gea nacieron las primeras y más antiguas criaturas del cosmos. Los primeros fueron los Hecatónquiros, seres colosales de fuerza descomunal, cada uno con cien brazos y cincuenta cabezas, símbolos del poder primordial e incontrolable de la naturaleza.
Junto a ellos surgieron los Cíclopes, gigantes de un solo ojo:
Arges, el rayo
Estéropes, el relámpago
Brontes, el trueno
Estos seres divinos serían, en el futuro, los forjadores de las armas de Zeus y de los dioses olímpicos.
El nacimiento de los Titanes
Gea y Urano engendraron también a los Titanes, deidades que representarían fuerzas fundamentales del universo. Entre ellos se encontraban:
Océano, Ceos, Hiperión, Crío, Japeto y Cronos
Las Titánides: Rea, Temis, Mnemósine, Febe, Tetis, Tea y Dione
Entre todos ellos destacó Cronos, el más joven y astuto de los Titanes, destinado a cambiar el orden del cosmos.
La rebelión contra Urano
Urano, temeroso de que alguno de sus hijos lo destronara, decidió encerrarlos en las profundidades de la tierra, provocando el sufrimiento de Gea. Desesperada por liberar a sus hijos, la Madre Tierra conspiró contra el cielo y pidió a los Titanes que se rebelaran.
Solo Cronos aceptó el desafío. Gea le entregó una enorme hoz de adamante, y cuando Urano descendió para unirse a ella, Cronos lo atacó, castrándolo y poniendo fin a su dominio sobre el universo.
El ascenso de Cronos y el destino inevitable
De la sangre de Urano que cayó sobre la tierra nacieron nuevas criaturas como las Erinias (criaturas que acosan a los parricidas): Alecto, Tisífone y Megera. De la espuma caída al océano de los testículos de Urano surgió Afrodita, diosa del amor. Cronos se alzó entonces como el nuevo soberano del cosmos, instaurando la Edad de Oro.
Sin embargo, el destino que había alcanzado a su padre también lo aguardaba a él, pues en la mitología griega ningún poder es eterno.
El mito griego de la creación y el eterno ciclo del poder
El mito griego de la creación no solo explica el origen del mundo y de los dioses, sino que también refleja una idea central de la mitología helénica: el poder es cíclico y está condenado a ser reemplazado. Desde Urano hasta Cronos, y más tarde Zeus, el cosmos se rige por un equilibrio frágil entre orden, caos y destino.
