¿Quienes eran los dioses del viento en la mitología griega?

En la mitología griega, el viento no era solo un fenómeno natural, sino una fuerza viva con voluntad divina y los antiguos griegos creían que cada soplo que descendía de los cielos estaba gobernado por un dios, capaz de traer fertilidad, tormentas o destrucción. A estas deidades se les conocía como los dioses del viento, figuras estrechamente ligadas a los puntos cardinales, las estaciones y el equilibrio del mundo natural.

En este artículo exploraremos quiénes eran los dioses del viento en la mitología griega, conocidos como los Anemoi, cuál era el papel de cada uno y qué significado tenían dentro del pensamiento mítico de la antigua Grecia.

Todos los vientos se presumían eran hijos de Eos o Aurora, diosa de la aurora, del amanecer, aquella que anuncia la salida de su hermano Helios.

En la parte de abajo se muestra la rosa de los vientos con su correspondiente divinidad.

Principales dioses del viento de la mitología griega

  • Boreas (Aquilón equivalente romano) es el viento del norte, personifica el viento que trae el invierno. 
  • Noto (Austro equivalente romano) es el viento del sur, aquel que trae las tormentas de verano y otoño. 
  • Zéfiro (Favonio equivalente romano) es el viento del oeste conocido como el viento fructificador que trae la primavera y el verano. 
  • Eurus (Vulturno equivalente romano) es el viento del este trae calor y lluvia.
  • Apeliotes (Argestes equivalente romano) es el viento del sureste o viento de otoño, cuando sopla hace madurar las frutas y el trigo.
  • Cecias (Caecius equivalente romano) dios del viento noreste encargado de arrojar granizo.
  • Coro (Caurus equivalente romano) es el viento del noroeste sopla un viento frío y seco, anuncia la llegada del invierno.
  • Libis (Africus) personifica el viento del suroeste. En la mitología romana es Africus ya que era viento procedente de África.

Otros dioses del viento

Los vientos de la tempestad y su poder destructivo

Además de los Anemoi principales, la mitología griega reconocía la existencia de los vientos de la tempestad, fuerzas violentas y destructivas conocidas como los Ánemoi Thúellai. Según los mitos, estos vientos eran hijos de Tifón, el monstruo primigenio que encarnaba el caos, y su paso traía consigo tormentas devastadoras, capaces de hundir naves y arrasar ciudades costeras.

Para proteger a los hombres de su furia, los dioses confiaron su control a Eolo, guardián y señor de los vientos. Estas fuerzas eran mantenidas encerradas en una coriciana, un saco de cuero del que solo podían ser liberadas cuando Eolo lo permitía. Al clavar su lanza en los acantilados más altos de la tierra, los vientos eran soltados de forma controlada, ya fuera por voluntad propia de Eolo o bajo las órdenes de Zeus, quien los utilizaba conforme a las necesidades del Olimpo.

 

Como nota final, los antiguos griegos distinguían claramente entre los vientos benévolos y los destructores. A los primeros se les ofrecían corderos blancos en sacrificio, símbolo de pureza y buen augurio, mientras que a los vientos funestos se les sacrificaban corderos negros, en un intento por aplacar su naturaleza violenta.

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